La Declarición De Fe
1. Creemos en un Dios, revelado como Padre, Hijo y Espíritu
Santo. Deut. 6:4, Isa. 43:10-11, Marcos 12:29, Juan 1:1-14,
Juan 14:26, 15:26, 20:17-22, Hechos 2:33, 2 Cor. 4:4-6,
13:14, Efesios 1:2-14, 4:4-7, Col. 1:14-19, 2:8-9, 1
Timoteo 2:5, Santiago 2:19, 1 Pedro 1:2-3, 3:18, Apoca.
1:4-6.
2. Creemos que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios,
es el unigénito del Padre del Padre, y es totalmente Dios y
totalmente hombre. Él es Salvación. Él nació de la virgen
María, vivió una vida sin pecado, murió por los pecados del
mundo, resucitó para nuestra justificación, y ahora reina
en gloria hasta que todas las cosas sean puestas debajo de
sus pies. 1 Tim. 3:16, Salmos 8, Génesis 3:15, Mateo 1:18,
Isa. 7:14, 9:6, Juan 14:6, Hechos 4:12, Gálatas 3:13-14,
Heb. 4:14-16.
3. Creemos que el hombre fue creado en la imagen de Dios,
sin embargo, a través de la desobediencia, pecó y cayó. A
consecuencia de la caída del hombre, la raza humana entera
comparte en esta naturaleza depravada. Aparte de la gracia
de Dios, el hombre no tiene la habilidad salvarse a si
mismo pues está en un estado de degeneración espiritual,
incapaz de obtener justicia mediante su propia sabiduría,
fortaleza y obras. Gen. 1-3, Rom. 3:22-23, 5:12-19, 6:23,
Efesios 2:1-9.
4. Creemos en la absoluta autoridad de las santas
escrituras dadas por Dios según su Espíritu se movió sobre
los hombres santos de la antigüedad. Además, creemos que la
iglesia no tiene autoridad de establecer doctrina o
costumbres contrarias a estas escrituras que fueron
aceptadas como las sagradas escrituras por la iglesia
primitiva. 2 Tim. 3:16, Salmos 45:1, Ezeq. 1:3, Mateo
24:35, Lucas 24:27, Rom. 15:4, 1 Cor. 10:11, 1 Tes. 2:13, 1
Pedro 1:18-21.
5. Creemos que todos deben nace de nuevo para ver y entrar
en el Reino de Dios. Esta salvación es por gracia mediante
la fe en el sacrificio del Calvario, y la obra terminada de
Jesucristo-nosotros lo confesamos con nuestra boca, y lo
creemos en nuestros corazones. Esta justificación es
solamente por fe en la sangre de Jesús, el cordero de Dios.
Juan 3.1-8, Hechos 10:43, 13:38-39, Rom. 3:21-25, 5:1-2,
10:9-10, Efe. 2:8-9.
6. Creemos que subsiguiente a la conversión, cada creyente
debe ser bautizado en agua por inmersión en el nombre del
Señor Jesucristo para remisión de sus pecados y la
circuncisión del corazón. El viejo hombre ha muerto, sido
sepultado y resucitado a vida nueva. Hechos 2:38, 3:19-20,
Mar. 6:1-14, Col. 2:11-12, 2 Pedro 3:9, Hechos 8:12-16,
36-37, 10:42-48, 19:5.
7. Creemos que el bautismo del Espíritu Santo es para todos
los creyentes, un don de Dios, una infusión de poder para
ungir al creyente para santificación y evangelismo. Creemos
que el bautismo del Espíritu Santo históricamente y según
las escrituras se manifiesta con la persona hablando en
lenguas según el Espíritu da que hable. Sin embargo, el
habla en lenguas no es evidencia de una vida llena del
espíritu. La evidencia del Espíritu Santo en una persona es
el fruto del Espíritu manifestado en el creyente, mostrando
la naturaleza divina y carácter de Jesucristo. Ningún
hombre puede venir a Dios excepto que el Espíritu lo
atraiga. La regeneración comienza con la obra del Espíritu.
Aún nuestros deseos de responder al evangelio es un don de
Dios. Por lo tanto, todo creyente tiene el mismo espíritu,
ya que nadie puede decir que Jesús es Señor sino por el
Espíritu Santo. El Espíritu Santo está envuelto en el
proceso entero de nuestra salvación. Nosotros recibimos la
adopción de hijos por el Espíritu. Nosotros tenemos un
testimonio del Espíritu de que somos hijos de Dios. Es el
Espíritu el que revela verdad, nos consuela y nos enseña.
Hechos 1:4-8, 2:1-4, 10:45-46, 19:6, Rom. 8:14-16, Juan
14:17, 25-26, 15:2, 16:13, Gal 3:14´15, 4:5-6, 16, 5:22-25,
Col. 1:25-27, 2 Pedro 1:3-4, 1 Juan 3:1-3.
9. Creemos que esos que son llamados por el nombre de
Cristo deben apartarse de la iniquidad. La santificación es
una vez para siempre, y a la vez, progresiva en naturaleza;
primero desde el momento de conversión, el creyente es
apartado por la sangre de Jesús; entonces, el creyente se
separa el mismo para Dios lavándose diariamente con la
Palabra. El creyente es llenado y dirigido por el Espíritu
Santo, viviendo en el mundo, pero no parte del mundo.
Rechaza incredulidad y la iniquidad, es moderado en todas
las cosas, y vive la vida para glorificar a Cristo; de esa
forma perfecciona la santidad en el temor de Dios, mientras
está conectado al cuerpo de creyentes. I Tim. 2:19, 1 Cor.
1Ñ29-31, 2 Cor. 6:14-7:1, Efe. 5:25-27, Col. 3:8-14,
Hebreos 9:12, 12:14, 1 Pedro 1:15, 1 Juan 2:15-17.
10. Creemos que toda la autoridad está concentrada en
Jesucristo y Él ha delegado su jurisdicción en la casa, la
iglesia local, y el gobierno civil. Creemos en un gobierno
de la iglesia local Teocrático (gobernado por Dios) y orden
en la iglesia (ancianos, diáconos y santos.) El Orden
Divino en el Nuevo Testamento mantiene una pluralidad de
liderato, y siempre hay una persona con una unción y
liderato distintivo para pastorear el rebaño de Dios. Mat.
28:18, Rom. 13:1-7, Efe. 1:20-23, Fil. 1:1-11, 2:5-11, I
Tim. 3:1-13.
11. Creemos en la restauración completa de los cinco
ministerios que Jesús envió a equipar y madurar la iglesia:
Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Su
misión es producir un hombre maduro (perfecto), completo,
con muchos miembros, una nueva creación en la tierra, la
manifestación o revelación de la naturaleza y ministerio de
Jesucristo a nosotros. Rom. 8:19-23, 1 Cor. 13:8-13, Efe.
2:20-22, 3:1-12, 4:11-16, Col. 1:25-29.
12. Creemos en la sanidad para el espíritu, la mente y el
cuerpo del hombre fue provista en el Nuevo Pacto cuando
nuestro Señor Jesús fue herido, golpeado y azotado en su
muerte en la cruz y resucitó otra vez en el poder de su
resurrección. La sanidad Divina es una realidad para el
creyente. Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley,
la enfermedad y la muerte. Isa. 53:5, Marcos 7:26, Juan
10:10, Hechos 4:30, 10:38, Rom. 8:11, 1 Cor. 12:9, Gal.
3:13-14, Sant. 5:13-16, 1 Pedro 2:24.
13. Creemos en observar la ordenanza de la Santa Cena
(comunión de los creyentes.) La mesa de nuestro Señor
Jesucristo es una celebración del Nuevo Pacto y recuerda y
une a su cuerpo en confraternidad. Fue proclamado por
Jesucristo para traer su cuerpo a la unidad hasta su
venida. Mat. 26:26-28, Marcos 14:22-24, Lucas 22:17-20, 1
Cor. 10:16:17, 11:23:30.
14. Creemos en la oración del espíritu y la intercesión, y
que el ayuno (el abstenerse de alimentos) intensifica la
oración. La iglesia llena del espíritu en toda clase de
oración—lenguas, oración individual, oración corporal, y
oración de confesión. La guerra espiritual es hecha y
ganada en base de la obra terminada de Jesucristo. Nosotros
echamos fuera demonios en el nombre de Jesús. Satanás,
nuestro adversario, es una realidad, y fue completamente
derrotado por la muerte de nuestro Señor y su resurrección.
Nosotros somos llamados a reforzar la victoria de Jesús, a
ocupar territorio hasta que Él venga, y llame las cosas que
no son como si fuesen. Mat. 4:8-9, 12:25-29, Marcos 16:17,
Lucas 10:17-20, 19:13, Hechos 13:6-12, 19:13-20, Rom. 4:17,
1 Cor. 2:11, 11:14, 27, Efe. 6:10-18, Sant. 4:7, 1 Pedro
5:8-9.
15. Creemos en el sacerdocio del creyente. Eso es, que la
gente que es nacida de Dios son todas iguales delante de
Él, y tienen acceso directo a Dios. Nosotros creemos que la
identidad del cuerpo de Cristo en la tierra es percibida a
través de la iglesia local. Reconocemos la necesidad de
relaciones que son de Dios y asociaciones voluntarias, la
búsqueda de la unidad a través del amor, y el consenso en
cuestiones de doctrina y conducta. Sin embargo, nosotros
fuertemente confesamos que la iglesia local es autónoma,
con Jesucristo como la cabeza, y rechazamos el legalismo en
todas sus formas. 1 Pedro 2:5, Apoc.2, 3, Mateo 17:11.
16. Creemos en el orden de la adoración y la alabanza dada
por revelación en el Tabernáculo de David y restaurado a la
Iglesia hoy. La iglesia debe ofrecer alabanza extemporánea
así como dramática y alabanza teatral y alabanza a Dios.
Esto incluye la voz (cantos, gritos de júbilo), las manos
(levantando las manos, tocando instrumentos), y el cuerpo
entero (bailando, saltando, arrodillándose, postrándose.) 2
Sam. 6, 1 Chron. 13-16, Salmos 150, Hechos 15:13-17, Efe.
5:19, Col. 3:16.
17. Creemos que el reino de Dios es una realidad presente y
se expandirá hasta que el conocimiento de su Señorío cubra
toda la tierra. El gobierno de Dios es el mismo propósito
de Dios. (El dominio de Dios, la forma de gobernar de
Dios.) El Reino de Dios es la extensión de su Gobierno y
Dominio en la tierra y el universo. El Reino de Dios está
dentro de usted. La Iglesia (el Cuerpo de Cristo),
universal y local, invisible y visible, espiritual y
tangible, es el instrumento a través del cual ese propósito
es realizado. Gen. 1:26-28, Dan. 2:44-45, 7:27, Hab. 2:14,
Mar. 1:14-15, Rom. 14:17, Efe. 3:21, Heb. 12:25-29, Apoc.
1:6, 5:10, 11:15, Col. 1:12-13.
18. Creemos en la segunda venida literal de nuestro Señor,
el cual será en la consumación de todas las cosas. Es la
“Esperanza Bendita” de la Iglesia, el gobierno literal de
Cristo en la tierra, la resurrección de los regenerados a
vida eterna y los no-regenerados a condenación, y la fila
victoria del Reino eterno de Dios. Hechos 1:9-11, Daniel
12:2, Apoc. 22:1-7.
19. Creemos en diezmar (la décima parte.) El Pacto de dar
fue establecido durante los días de Abraham, antes de la
ley, requerido bajo la Ley de Moisés, y confirmado por
Jesucristo ya que Él vino a “cumplir la toda ley”. Nosotros
somos los “hijos de Abraham”. El apóstol Pablo declaró que
Jesucristo vino “según el orden de Melquisedek”. Es un
principio integral y repleto a través de la Palabra de Dios
el sembrar dentro de relaciones de pacto. Gen 14:18-23,
28:20-22, Prov. 3:9-10, Mal. 3:7-11, Mat. 6:19-21, Luc.
6:38, Mar. 12:41-44, 2 Cor. 9:6-8.
20. Creemos en la Palabra que procede de la boca de Dios.
Eso es, Dios está hablando ahora para confirmar, revelar,
abrir los misterios que han sido escondidos. Él es un Dios
que nunca cambia su carácter, pero siempre está moviéndose.
La revelación de Jesucristo edifica y fortalece su cuerpo,
confirmalo que Él ya ha dicho, y, además, continua a hablar
a su cuerpo en nuevas formas. Nosotros no somos infalibles.
Confesamos que no tenemos todo el conocimiento, pero vamos
a comunicar su palabra tal como está revelada a nosotros.
Vamos a seguir buscando, tocando, pidiendo y caminando en
su Verdad como la conocemos. Vamos a recibir la corrección
de Dios y humildemente tratar de cambiar nuestros puntos de
vista y alinear nuestra posición a favor de la dirección de
su Palabra continuamente.